Monday, October 24, 2005

Flujo de capitales, Fragilidad e inestabilidad financiera
en el desarrollo económico



El autor comienza citando a Minsky y su análisis e interpretación del financiamiento de las empresas en el capitalismo. Según Kregel (1998 pp. 41), “cuando no hay colchón y si una alta probabilidad de déficit en casi cada período, la empresa tendrá que pedir préstamos de fondos adicionales para cumplir con sus compromisos de flujos de dinero. …a esto Minsky lo llama financiamiento Ponzi…”.

Es importante destacar que esta posición de financiamiento esta influenciado por el manejo de las políticas macroeconómicas gubernamentales[1]. Puede llegar a un punto en el cual el sistema financiero sea vuelva inestable (debido a la falta de refinanciamiento) generando un recorte de los gastos de inversión y vendiendo sus activos como una forma de financiarse. Esto indudablemente trae consigo lo que I. Fischer denomino “deflación por deuda”[2].

De este modo a medida que se devalúa la moneda, aumenta el valor de la opción para vender la moneda local, y a medida que el interés se eleva, el valor de la empresa cae, incrementando el valor de la opción de vender la empresa. (Kregel, 1998 pp. 45)[3]

A continuación el autor señala que la forma de financiamiento de la “deuda” da un giro, y que ahora las organismos multilaterales cambiaron sus políticas para centrarse en el financiamiento en “acciones”[4]. Todo se tradujo en políticas de mercado “amistosas” que deterioran más las cuentas del sector externo y del aparato productivo[5].

Un punto medular del artículo es cuestionar y mostrar las desventajas de la IED. Al respecto se refiere “..El que las inversiones se realicen en activos productivos reales no quiere decir que los riesgos de la moneda extranjera y los riesgos de fondeo deban ignorarse” (Kregel, 1998 pp. 56). Otro aspecto de la IED que se pasa por alto tiene que ver con los beneficios de la ausencia de intereses programados y de pagos del principal[6]. Otro aspecto que nos señala el autor es que si bien la IED no produce un cargo fijo o inmediato sobre las reservas cambiarias, sin embargo las ganancias representarían una carga a las reservas. Por tanto aunque se registren como flujos de IED pueden adquirir la forma de inversiones de cartera a corto plazo. La evaluación del efecto de la IED dependera del destino de esas ganancias, la proporción de las importaciones en IED, y la proporción de exportaciones en la producción de los socios extranjeros. Si el flujo de IED no genera importaciones adicionales, entonces ésta representa una contribución neta de moneda extranjera.

A manera de conclusión Kregel (1998) señala que la única manera de evitar consecuencias así es confiar en al acumulación interna de capital y no confiarse en el financiamiento externo.

[1] Por ejemplo una política monetaria interna que ocasione un aumento en la tasa de interés tiene dos efectos en el apalancamiento de los proyectos financiados: reduce los valores actuales de los flujos de dinero de los proyectos, y aumenta los compromisos de flujo de dinero para financiar los cargos cuando el préstamo es principalmente de corto plazo o se acordó a tasa de interés ajustable. (Kregel, 1998)
[2] Según el autor para evitar la crisis se requeriría una moratoria de deuda y luego una “prueba” de deuda para reprogramar los flujos de dinero. Sin embargo hay que destacar la dificultad del carácter de la moneda extranjera del préstamo internacional, ya que tendría un costo adicional la opción.
[3] Esto tiene un efecto contraproducente ya que a medida que el valor de la opción aumenta, los bancos extranjeros, que son los que suscriben la opción deberían aumentar las compensaciones de su opción, lo que pueden hacer solamente vendiendo la moneda externa. Además esto presiona a la tasa de cambio y las tasas de interés más altas lo que dificulta en mayor medida sus compromisos a la empresa.
[4] Para dicho efecto los gobiernos impulsaron procesos de privatización de las empresas públicas, además de convertir sus programas de pensión estatales en programas de inversión de aportaciones en acciones privadas. (Kregel, 1998 pp.47).
[5] A partir de la experiencia mexicana Kregel (1998), nos muestra los efectos de los flujos de capitales. “.. Una vez más, el inversionista externo fue compensado dos veces por un riesgo que de hecho no se presentó , y los préstamos externos habían conducido a una crisis de cambio y al colapso de las tasas de crecimiento..” (Kregel, 1998 pp. 53)

[6] “…la IED no es un regalo incondicional, es una inversión hecha contra la expectativa de ganancias y de la eventual repatriación o recolocación de la inversión. (Kregel, 1998 pp. 56).
Política monetaria y cambiaria para el crecimiento
con flujos de capital externo volátiles



El objetivo Mantey (1999) es mostrarnos que con la liberalización financiera se han incrementado los recursos financieros pero también su volatilidad. Para ello propone una estrategia alternativa de desarrollo que busca minimizar la inestabilidad en el crecimiento.

La inversión es el principal determinante del crecimiento del ingreso y también de la productividad de la mano de obra. La variabilidad de las tasas de interés y los tipos de cambio desincentiva el financiamiento de largo plazo. Según Mantey (1999) para arraigar el capital foráneo, los países en desarrollo han basado su estrategia de desarrollo en : elevadas tasas reales de interés; inflación controlada y estabilidad cambiaria; desregulación económica; finanzas públicas equilibradas; privatización de empresas públicas.

Un punto a destacar es que en un sistema financiero desregulado se caracteriza por un incremento rápido del multiplicador del crédito y en un mayor fondeo de los bancos en el exterior[1]. Otra caracteristica que se destaca es el incremento de la deuda pública interna por operaciones de esterilización que el banco central realiza. Hay que añadir a esto las imperfecciones del mercado financiero mexicano que ha tenido que sostener su rentabilidad con la elevación del multiplicador del crédito, la ampliación de los márgenes de intermediación y la asunción de riesgos cambiarios mediante las tenencias de valores gubernamentales en sus carteras.

La política alternativa de desarrollo que señala la autora se basa en los siguientes puntos :

a) Establecer un tipo de cambio que asegure la competitividad del país en el comercio internacional.

b) Realizar los cambios institucionales necesarios para que el Banco de México ejerza plenamente su autonomía, sin depender de la protección gubernamental a su reserva de divisas.
c) Construir un marco institucional que mantenga la fortaleza del sistema financiero ante vaivenes en el financiamiento externo.
d) Mantener los compromisos internacionales adquiridos respecto a la apertura comercial y al libre movimiento internacional de capitales.
e) Instrumentar una política de desarrollo industrial orientada al fortalecimiento del sector externo, que aproveche los incentivos que ofrecerá el modelo institucional que se propone en el sector financiero.
Sobre el primer punto es interesante destacar que un tipo de cambio competitivo puede no ser compatible con el objetivo inflacionario. Para generar competencia en la banca, Mantey (1999), propone abrir el mercado de valores gubernamentales a l pequeño inversionista y retirar la protección fiscal a la reserva de divisas del Banco de México. La plena autonomía del banco central es un punto esencial para una nueva política monetaria. [2]

Otro punto importante es la regulación del crédito mediante los encajes, la ampliación del redescuento a un mayor número de titulos privados y la fijación de tasas de interés a algunos instrumentos bancarios en caso de que las medidas para eliminar las barreras a la entrada al mercado de valores gubernamentales no bastaran para elevar las tasas de depósitos bancarios a niveles competitivos. Una propuesta que es interesante de analizar es el desarrollo de un sistema de créditos en especie, ya que este se basaría en limitaría el componente importado y también no podría emplearse para transferencias internacionales. Un objetivo de este mecanismo es “…permitiría a la economía nacional adaptarse a una reducción repentina del flujo de capital externo, sin contraer el ingreso y sin generar presiones en la balanza en cuenta corriente” (Mantey, 1999 pp. 453).



[1] Estos dos fenómenos aumentan los riesgos cambiario y sistémico que asumen los bancos. Aunque tal como señala la autora “… sus efectos destructivos (riesgo cambiario) no son comparables a los del riesgo sistémico que sigue una devaluación monetaria” (Mantey, 1999 pp. 448).
[2] En este punto en palabras de la autora “... al igual que se prohíbe a este instituto (Banco de México) financiar al gobierno federal por encima de cierto límite, también se prohíba a éste otorgar financiamiento especial a aquél a fin de sostener de manera artificial un nivel adecuado de reservas internacionales.” (Mantey, 1999 pp. 451)
La Política Monetaria y cambiaria de la globalización en los en países en desarrollo

La liberalización financiera no ha traído frutos positivos a los países latinoamericanos, ya que las hecho más vulnerables y dependientes de las entradas de capital. Uno de las consecuencias que nos muestra Huerta (2002) es que los gobiernos y bancos centrales necesitan trabajar con monedas estables, esto para evitar la desvalorización del capital internacional y por tanto de la rentabilidad.

Para alcanzar dicha estabilidad se ha procedido a anclar el tipo de cambio en una paridad semifija al dólar, lo que tiende a apreciar la moneda nacional. Esto indudablemente trae consigo un mayo déficit de cuenta corriente (más importaciones que exportaciones), que tiende a ser financiado mediante los flujos de capitales que son atraídos por las altas tasas de interés, además de la venta de activos públicos.

La reducción de la tasa de inflación ha estado sustentada en la contracción de los salarios reales. Hay que tener presentes que con altas tasas de interés no hay incentivos a la inversión productiva, por tanto en la generación de nuevos empleos.

El regímen cambiario (y su “flexibilidad”) ha sido fundamental para contener la inflación, además como una forma de garantizar la rentabilidad financiera del capital. Los gobiernos solo se han dedicado a privilegiar políticas monetarias y fiscales contraccionistas frente a la imposibilidad del ajuste del déficit externo. Un punto por tanto crucial es la subordinación de la política fiscal, esto para contener la presión de la demanda agregada sobre precios.

Un punto importante que destaca el autor, es el proceso de endeudamiento interno que tiene el gobierno, debido al proceso de esterilización frente a la entrada de capitales. Dicho proceso repercute en el sistema financiero generando problemas de insolvencia y estabilidad bancaria.

El crecimiento económico según Huerta (2002), estaría sustentado en el mercado externo, básicamente maquilas y las empresas transnacionales. Una carácterística de esta última es que no generan encadenamientos productivos, ya que trabajan con componentes importados.

Por tanto la economía entra en un proceso de desindustrialización, de creciente déficit comercial, de sobreendeudamiento interno y externo. Si bien un indicador de solvencia económica son las reservas internacionales de un país, hay que tomar en cuenta la composición de dichos recursos ya que tal como señala Huerta (2002, pp.278), “ …es diferente si las reservas estan constituidas por recursos derivados del superávit de cuenta corriente de la balanza de pagos, o si provienen de entrada de capitales..”. Por tanto la vulnerabilidad externa es algo que persiste, ya que se sigue dependiendo de las elevadas tasas de interés y del crecimiento de los Estados Unidos .

Por último podemos concluir que se tiene que replantear la inserción internacional de los países en desarrollo frente al proceso de globalización económica, dado el alto costo que esta generando en materia de crecimiento, empleo, productividad y distribución del ingreso.
Globalización, Desarrollo y Equidad

Bismarck J. Arevilca Vásquez[1]




Actualmente estamos viviendo un proceso de crecientes cambios ya sea este a nivel económico, social y/o cultural. La globalización brinda oportunidades para el desarrollo pero también desafíos para las economías latinoamericanas caracterizadas por tener una heterogeneidad productiva con una desigualdad en la distribución del ingreso. La globalización podríamos afirmar se hace con políticas nacionales pro-activas, más aún en economías tan heterogéneas como la nuestra, pues es incompleta, parcial, y desbalanceada. (Ffrench-Davis, 2002). De allí que un objetivo de este artículo es resaltar la experiencia internacional de inserción en la globalización de países de industrialización tardía exitosos. (Amsden, 1989).

La globalización no es un fenómeno reciente, este dataría ya desde hace cinco siglos. (Ferrer, 1996). CEPAL (2002), caracteriza este proceso por tres fases. La primera abarcaría de 1870 a 1913, que se caracteriza por una gran movilidad de los capitales y de la mano de obra, junto con un auge comercial basado en la reducción de los costos de transporte, más que por el libre comercio[2]. La segunda fase comprende de 1945 a 1973, y que se caracterizó por el esfuerzo de desarrollar instituciones internacionales de cooperación financiera y comercial, y por la notable expansión del comercio de manufacturas entre países desarrollados, la existencia de diferentes modelos de organización económica y una limitada movilidad de capitales y de mano de obra. La tercera fase comenzaría a partir del ultimo cuarto del siglo XX, caracterizada por una generalización hacia el libre comercio, mayor presencia de empresas transnacionales, expansión y creciente movilidad de capitales aunque persiste las restricciones al movimiento de mano de obra.

Se han señalado muchos factores positivos[3] para que las economías latinoamericanas desregulen sus economías para insertarse en un mundo “globalizado”. Pero, ¿Cuál ha sido la esencia del proceso de liberalización económica adoptado por nuestros países? y ¿Cuáles son los resultados?. Después de la crisis de la deuda se implementaron un conjunto de reformas económicas en América Latina, en lo que se vino a denominarse el “Consenso de Washington” (CW), estas al parecer no ha rendido los frutos esperados como esperaban sus progenitores. Tal como señala el “Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2003-2004 “ (especialmente el capítulo V) de la CEPAL, el promedio del crecimiento del PIB per cápita para doce economías latinoamericanas en el período 1960-2002 fue de 1.6%, es decir, inferior al 2% de los Estados Unidos en el siglo XX o el 1.7% correspondiente al mundo, en el mismo siglo. Como vemos el crecimiento económico después de 1980 se ha caracterizado por ser altamente volátil y lento. En el caso de Bolivia, para el periodo 1960-1980 el promedio de crecimiento del PIB per cápita (2.3%) es abismalmente superior comparado con 1981-2002 (-0.3%).

Este desempeño tan magro explicaría el alto desempleo y el incremento masivo del sector “informal”. Salarios estancados en el mejor de los casos, y un incremento de la pobreza y desigualdad serían algunos de los resultados nefastos del modelo actual. (Ffrench-Davis, 2003). Al parecer las reformas del CW aumentaron la vulnerabilidad externa de las economías latinoamericanas. (Ffrench-Davis y Ocampo, 2001; Stiglitz, 2003; CEPAL, 2001). Una de las explicaciones sería debido a la apertura irrestricta de la cuenta de capitales lo que ha llevado a “desalineamientos” e inestabilidades de algunas principales variables macroeconómicas (tipo de cambio, tasas de interés entre otras).

Según Stiglitz (2003), existirían tres fallas críticas de las reformas: a) las reformas aumentaron la exposición de las países al riesgo, b) las reformas macroeconómicas no eran equilibradas, por el excesivo papel asignado a la inflación y no así al desempleo y la equidad. c) no se propicio un equilibrio adecuado entre el Estado y el mercado.

Sin embargo, tal como no los demuestran las economías asiáticas no existe una receta única para el desarrollo económico de los países. El pragmatismo adoptado por estos países nos muestran como se puede hacer políticas en pos del crecimiento sostenido con equidad. Amsden (2004), nos señala que mientras en América Latina se sigue implementando política amigables al mercado (market-friendly approach), en Asia se esta “reinventando” la sustitución de importaciones para las industrias de alta tecnología. Es interesante ver la política del gobierno taiwanés, el cual jugo un papel protagónico en el fortalecimiento de las actividades de ciencia y tecnología. La sustitución de importaciones de productos con alto valor agregado como el CD-ROM, las pantallas de cristal líquido y el diseño de circuitos integrados. En el caso del CD-ROM dicho proyecto involucró a 25 empresas en un proceso integrado de desarrollo y transferencias de tecnología. Se derivaron cuatro patentes para los equipos de CD-ROM y 24 para las cabezas lectoras. El despegue fue sorprendentemente rápido.

Podemos concluir entonces, que se tiene que buscar para una globalización más equilibrada e incluyente; para ello es fundamental construir una institucionalidad internacional más sólida y equilibrada. Otro punto importante es tener una visión amplia de la estabilidad macroeconómica y del papel que desempeñan las políticas anticíclicas (CEPAL, 2002).





[1] Economista e investigador del PROCIENTEC, El Colegio de México, A.C., y Universidad de Siena, Italia; E-mail: bismarck@colmex.mx

[2] Esta fase se ve interrumpida por la primera guerra mundial y después por la depresión de 1929.

[3] Una de ellas es la profundización financiera para el desarrollo económico enfatizada por teóricos como Mckinnon (1973) y Shaw (1973). Ambos propiciaron los peligros de la “represión financiera” y pronunciándose por la máxima liberalización financiera.

Friday, October 21, 2005


Bismarck J. Arevilca Vásquez

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