en el desarrollo económico
El autor comienza citando a Minsky y su análisis e interpretación del financiamiento de las empresas en el capitalismo. Según Kregel (1998 pp. 41), “cuando no hay colchón y si una alta probabilidad de déficit en casi cada período, la empresa tendrá que pedir préstamos de fondos adicionales para cumplir con sus compromisos de flujos de dinero. …a esto Minsky lo llama financiamiento Ponzi…”.
Es importante destacar que esta posición de financiamiento esta influenciado por el manejo de las políticas macroeconómicas gubernamentales[1]. Puede llegar a un punto en el cual el sistema financiero sea vuelva inestable (debido a la falta de refinanciamiento) generando un recorte de los gastos de inversión y vendiendo sus activos como una forma de financiarse. Esto indudablemente trae consigo lo que I. Fischer denomino “deflación por deuda”[2].
De este modo a medida que se devalúa la moneda, aumenta el valor de la opción para vender la moneda local, y a medida que el interés se eleva, el valor de la empresa cae, incrementando el valor de la opción de vender la empresa. (Kregel, 1998 pp. 45)[3]
A continuación el autor señala que la forma de financiamiento de la “deuda” da un giro, y que ahora las organismos multilaterales cambiaron sus políticas para centrarse en el financiamiento en “acciones”[4]. Todo se tradujo en políticas de mercado “amistosas” que deterioran más las cuentas del sector externo y del aparato productivo[5].
Un punto medular del artículo es cuestionar y mostrar las desventajas de la IED. Al respecto se refiere “..El que las inversiones se realicen en activos productivos reales no quiere decir que los riesgos de la moneda extranjera y los riesgos de fondeo deban ignorarse” (Kregel, 1998 pp. 56). Otro aspecto de la IED que se pasa por alto tiene que ver con los beneficios de la ausencia de intereses programados y de pagos del principal[6]. Otro aspecto que nos señala el autor es que si bien la IED no produce un cargo fijo o inmediato sobre las reservas cambiarias, sin embargo las ganancias representarían una carga a las reservas. Por tanto aunque se registren como flujos de IED pueden adquirir la forma de inversiones de cartera a corto plazo. La evaluación del efecto de la IED dependera del destino de esas ganancias, la proporción de las importaciones en IED, y la proporción de exportaciones en la producción de los socios extranjeros. Si el flujo de IED no genera importaciones adicionales, entonces ésta representa una contribución neta de moneda extranjera.
A manera de conclusión Kregel (1998) señala que la única manera de evitar consecuencias así es confiar en al acumulación interna de capital y no confiarse en el financiamiento externo.
[1] Por ejemplo una política monetaria interna que ocasione un aumento en la tasa de interés tiene dos efectos en el apalancamiento de los proyectos financiados: reduce los valores actuales de los flujos de dinero de los proyectos, y aumenta los compromisos de flujo de dinero para financiar los cargos cuando el préstamo es principalmente de corto plazo o se acordó a tasa de interés ajustable. (Kregel, 1998)
[6] “…la IED no es un regalo incondicional, es una inversión hecha contra la expectativa de ganancias y de la eventual repatriación o recolocación de la inversión. (Kregel, 1998 pp. 56).
