Bismarck J. Arevilca Vásquez[1]
Actualmente estamos viviendo un proceso de crecientes cambios ya sea este a nivel económico, social y/o cultural. La globalización brinda oportunidades para el desarrollo pero también desafíos para las economías latinoamericanas caracterizadas por tener una heterogeneidad productiva con una desigualdad en la distribución del ingreso. La globalización podríamos afirmar se hace con políticas nacionales pro-activas, más aún en economías tan heterogéneas como la nuestra, pues es incompleta, parcial, y desbalanceada. (Ffrench-Davis, 2002). De allí que un objetivo de este artículo es resaltar la experiencia internacional de inserción en la globalización de países de industrialización tardía exitosos. (Amsden, 1989).
La globalización no es un fenómeno reciente, este dataría ya desde hace cinco siglos. (Ferrer, 1996). CEPAL (2002), caracteriza este proceso por tres fases. La primera abarcaría de 1870 a 1913, que se caracteriza por una gran movilidad de los capitales y de la mano de obra, junto con un auge comercial basado en la reducción de los costos de transporte, más que por el libre comercio[2]. La segunda fase comprende de 1945 a 1973, y que se caracterizó por el esfuerzo de desarrollar instituciones internacionales de cooperación financiera y comercial, y por la notable expansión del comercio de manufacturas entre países desarrollados, la existencia de diferentes modelos de organización económica y una limitada movilidad de capitales y de mano de obra. La tercera fase comenzaría a partir del ultimo cuarto del siglo XX, caracterizada por una generalización hacia el libre comercio, mayor presencia de empresas transnacionales, expansión y creciente movilidad de capitales aunque persiste las restricciones al movimiento de mano de obra.
Se han señalado muchos factores positivos[3] para que las economías latinoamericanas desregulen sus economías para insertarse en un mundo “globalizado”. Pero, ¿Cuál ha sido la esencia del proceso de liberalización económica adoptado por nuestros países? y ¿Cuáles son los resultados?. Después de la crisis de la deuda se implementaron un conjunto de reformas económicas en América Latina, en lo que se vino a denominarse el “Consenso de Washington” (CW), estas al parecer no ha rendido los frutos esperados como esperaban sus progenitores. Tal como señala el “Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2003-2004 “ (especialmente el capítulo V) de la CEPAL, el promedio del crecimiento del PIB per cápita para doce economías latinoamericanas en el período 1960-2002 fue de 1.6%, es decir, inferior al 2% de los Estados Unidos en el siglo XX o el 1.7% correspondiente al mundo, en el mismo siglo. Como vemos el crecimiento económico después de 1980 se ha caracterizado por ser altamente volátil y lento. En el caso de Bolivia, para el periodo 1960-1980 el promedio de crecimiento del PIB per cápita (2.3%) es abismalmente superior comparado con 1981-2002 (-0.3%).
Este desempeño tan magro explicaría el alto desempleo y el incremento masivo del sector “informal”. Salarios estancados en el mejor de los casos, y un incremento de la pobreza y desigualdad serían algunos de los resultados nefastos del modelo actual. (Ffrench-Davis, 2003). Al parecer las reformas del CW aumentaron la vulnerabilidad externa de las economías latinoamericanas. (Ffrench-Davis y Ocampo, 2001; Stiglitz, 2003; CEPAL, 2001). Una de las explicaciones sería debido a la apertura irrestricta de la cuenta de capitales lo que ha llevado a “desalineamientos” e inestabilidades de algunas principales variables macroeconómicas (tipo de cambio, tasas de interés entre otras).
Según Stiglitz (2003), existirían tres fallas críticas de las reformas: a) las reformas aumentaron la exposición de las países al riesgo, b) las reformas macroeconómicas no eran equilibradas, por el excesivo papel asignado a la inflación y no así al desempleo y la equidad. c) no se propicio un equilibrio adecuado entre el Estado y el mercado.
Sin embargo, tal como no los demuestran las economías asiáticas no existe una receta única para el desarrollo económico de los países. El pragmatismo adoptado por estos países nos muestran como se puede hacer políticas en pos del crecimiento sostenido con equidad. Amsden (2004), nos señala que mientras en América Latina se sigue implementando política amigables al mercado (market-friendly approach), en Asia se esta “reinventando” la sustitución de importaciones para las industrias de alta tecnología. Es interesante ver la política del gobierno taiwanés, el cual jugo un papel protagónico en el fortalecimiento de las actividades de ciencia y tecnología. La sustitución de importaciones de productos con alto valor agregado como el CD-ROM, las pantallas de cristal líquido y el diseño de circuitos integrados. En el caso del CD-ROM dicho proyecto involucró a 25 empresas en un proceso integrado de desarrollo y transferencias de tecnología. Se derivaron cuatro patentes para los equipos de CD-ROM y 24 para las cabezas lectoras. El despegue fue sorprendentemente rápido.
Podemos concluir entonces, que se tiene que buscar para una globalización más equilibrada e incluyente; para ello es fundamental construir una institucionalidad internacional más sólida y equilibrada. Otro punto importante es tener una visión amplia de la estabilidad macroeconómica y del papel que desempeñan las políticas anticíclicas (CEPAL, 2002).
[1] Economista e investigador del PROCIENTEC, El Colegio de México, A.C., y Universidad de Siena, Italia; E-mail: bismarck@colmex.mx
[2] Esta fase se ve interrumpida por la primera guerra mundial y después por la depresión de 1929.
[3] Una de ellas es la profundización financiera para el desarrollo económico enfatizada por teóricos como Mckinnon (1973) y Shaw (1973). Ambos propiciaron los peligros de la “represión financiera” y pronunciándose por la máxima liberalización financiera.

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